martes, 25 de septiembre de 2012

Yolanda Ortiz: "Suena el despertador"











Suena el despertador



Busco alimentos ricos en litio
para dejar de llorar.

 

Suena el despertador y acaricio
mi vientre, escucho
mis pezones, acepto
mi olor,
reconciliándome
con esta mañana, en la que
me odio un poquito menos,
tolero la vida un minuto más
y morir / supone una pérdida.

Aunque aún no
lo suficientemente grande.













lunes, 24 de septiembre de 2012

Luis Mateo Díez: "Autobús"










Autobús 


Ella sube al autobús en la misma parada, siempre a la misma hora, y una sonrisa mutua, que ya no recuerdo de cuándo procede, nos une en el viaje trivial, en la monotonía de nuestra costumbre.
Se baja en la parada anterior a la mía y otra sonrisa furtiva marca la muda despedida hasta el día siguiente.
Cuando algunas veces no coincidimos, soy un ser desgraciado que se interna en la rutina de la mañana como en un bosque oscuro.
Entonces el día se desploma hecho pedazos y la noche es una larga y nerviosa vigilia dominada por la sospecha de que acaso no vuelva a verla.






domingo, 23 de septiembre de 2012

Begoña Abad: "No necesito un hijo que me quiera"


  



No necesito un hijo que me quiera

 
No necesito un hijo que me quiera,
ni que sea feliz, ni hermoso,
ni que triunfe y me sonría,
ni un hijo que me cuide,
me proteja, me tutele.
Necesito, simplemente,
un hijo que me sobreviva
y al que poder amar hasta el final.
Si me faltara,
¿qué haría yo con tanto amor
como me crece para él
cada mañana?


sábado, 22 de septiembre de 2012

Eduardo Galeano: "El miedo manda"









El miedo manda (Relato sobre un emperador chino)

 
Las leyendas no se detienen en minucias. Una de ellas cuenta que un emperador de la China fue iluminado por la verdad, pero no nos ha dicho su nombre ni su dinastía ni su tiempo.
El emperador llamó a su consejero principal, y le confió su angustia:

-Nadie me teme -dijo.

Como sus súbditos no lo temían, tampoco lo respetaban. Como no lo respetaban, tampoco le obedecían.

-Falta castigo -opinó el consejero.

El emperador dijo que él mandaba azotar a quien no pagaba el tributo, que sometía a lento suplicio a quien no se inclinaba a su paso y que enviaba a la horca a quien osaba criticar sus actos.
 
-Pero esos son los culpables -dijo el consejero. Y explicó:
 
-El poder sin miedo se desinfla como el pulmón sin aire. Si sólo se castiga a los culpables, sólo los culpables sienten miedo.
 
El emperador meditó, en silencio, y dijo:
 
-Entiendo.
 
Y mandó al verdugo que cortara la cabeza del consejero, y dispuso que toda la población de Pekín asistiera al espectáculo en la Plaza del Poder Celestial.
Después del consejero, otros inocentes fueron decapitados.
El emperador tuvo larga vida y feliz gobierno.