martes, 6 de noviembre de 2012

Agustín García Calvo: "A la manera de Cernuda"






A la manera de Cernuda
 

  La materia es de papel.
El hombre es de papel.
Los sueños son de papel y están escritos.
Sólo el aire escapa a cualquier designio. 
 





 
 

 

Pilar Galán: "Claustrofobia histórica"








Claustrofobia histórica


Yo me enamoré del hijo de la Paqui sabiendo que era un pinta y que andaba todo el día por ahí como un perro sin dueño.
Entonces no sabía que la única persona a la que puedes cambiar eres tú misma y que de redentores y buenas cenas están las sepulturas llenas.
Entonces no sabía eso ni otras muchas cosas, como que la marcha atrás no funciona, y que te puedes quedar embarazada aunque lo hagas de pie contra la tapia del cementerio, diga lo que diga la Sole.
Ahora sé cambiar pañales, preparar biberones y poner los ojos en blanco cuando me preguntan por qué dejé de estudiar, como si la respuesta tuviera que ser evidente para todo el mundo. Ahora también sé que no tendría que haber dejado de estudiar nunca.
El hijo de la Paqui (de cuyo nombre no me da la real gana acordarme) no se salió del instituto, aunque le costó Dios y ayuda acabar el bachillerato. Se fugaba de casi todas las clases porque no aguantaba los espacios cerrados. Que le entraba el nervio y una de dos, o abría la ventana o se tiraba por ella. Para eso hubiera sido mejor que se hubiera puesto a trabajar, pero a ver en qué sitio iban a aguantarle la manía esa de las puertas abiertas.
Alguna noche, tuvimos que bajar la Paqui o yo a buscarlo al parque. Decía que dentro del piso se asfixiaba, que le faltaba el aire.
Un día le faltó tanto que ni su madre ni yo fuimos capaces de encontrarlo.
Recorrimos el pueblo entero, hasta que la Paqui dijo que ya no aguantaba más, que a su hijo le podían dar muchas y buenas, y que con su edad y sus dolencias, no podía encargarse de nosotros.
Después, me puso la mano en la barriga, yo creo que con pena, y me deseó suerte.
Desde esa noche vivo con mis padres.
Él volvió unos días más tarde. Que le perdonara. Que yo ya sabía de más que a veces la casa se le caía encima y que tenía que salir a donde fuera. Qué él no estaba hecho para estar encerrado entre cuatro paredes.
Pero yo no le perdoné. Faltaría más. También una tiene su orgullo.
Ahora creo que se ha matriculado en historia. Normal.
Un pinta como él tenía que acabar estudiando una carrera llena de nombres de calles.







lunes, 5 de noviembre de 2012

Agustín García Calvo: "Tú, cuya mano"






Tú, cuya mano


Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de aquella luna de Sumatra,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.











José Ángel Valente: "El adiós"




 

 

El adiós

 

Entró y se inclinó hasta besarla
porque de ella recibía la fuerza.

(La mujer lo miraba sin respuesta.)

Había un espejo humedecido
que imitaba la vida vagamente.
Se apretó la corbata,
el corazón,
sorbió un café desvanecido y turbio,
explicó sus proyectos
para hoy,
sus sueños para ayer y sus deseos
para nunca jamás.

(Ella lo contemplaba silenciosa.)

Habló de nuevo. Recordó la lucha
de tantos días y el amor
pasado. La vida es algo inesperado,
dijo. (Más frágiles que nunca las palabras).
 
Al fin calló con el silencio de ella,
se acercó hasta sus labios
y lloró simplemente sobre aquellos
labios ya para siempre sin respuesta.