viernes, 4 de enero de 2013

Lilian Elphick: "Final feliz"







Final feliz
 

Nos amamos desde el lugar de las palabras; el deseo era una escritura que iba y venía, ataviada de un presente compacto.
Nos amamos con furia, siempre indagando en la perversión que tiene toda historia ficticia.
Nos buscamos en libros y cartas; fuimos el papel y la tinta, unidos por ojos que nos leyeron.
Por eso lo maté: para amarnos más, y eternizar el mejor de los finales.






jueves, 3 de enero de 2013

Nora Almada: "Piel"






Piel

Detrás de la pared
el vacío
como dentro de mí
está el silencio
y entre vos y yo
la piel
ese límite
ese mar.




miércoles, 2 de enero de 2013

Ana María Matute: "El hijo de la lavandera"








El hijo de la lavandera


Al hijo de la lavandera le tiraban piedras los niños del administrador porque iba siempre cargado con un balde lleno de ropa, detrás de la gorda que era su madre, camino de los lavaderos. Los niños del administrador silbaban cuando pasaba, y se reían mucho viendo sus piernas, que parecían dos estaquitas secas, de esas que se parten con el calor, dando un chasquido. Al niño de la lavandera daban ganas de abrirle la cabeza pelada, como un melón-cepillo, a pedradas; la cabeza alargada y gris, con costurones, la cabeza idiota, que daba tanta rabia. Al niño de la lavandera un día lo bañó su madre en el barreño, y le puso jabón en la cabeza rapada, cabeza-sandía, cabeza-pedrusco, cabeza-cabezón-cabezota, que había que partírsela de una vez. Y la gorda le dio un beso en la monda lironda cabezorra, y allí donde el beso, a pedrada limpia le sacaron sangre los hijos del administrador, esperándole escondidos, detrás de las zarzamoras florecidas.






martes, 1 de enero de 2013

Flor Alba Uribe: "Una mujer, un hombre"



 

 

Una mujer, un hombre

 




Una mujer,
desnuda ante el espejo,
acaricia dulcemente su cintura,
la vital insurgencia de sus pechos,
la encendida penumbra de su sexo,
baja al río enlunado de sus muslos
y actualiza el edén su aroma claro.
Se sabe
para el hombre destinada.



Un hombre
se mira ante el espejo,
desnudo como un ángel se acaricia
-imagen que se mima en su reflejo-,
sus manos obedientes van soñando
el lento florecer de su estatura,
asedio memorioso, móvil fuego
fluyendo de los pies hasta la frente.
Se sabe
para la mujer predestinado.



Pero antes,
cuántos arcos triunfales por el suelo,
cuánta piedra hecha polvo en el mortero.