sábado, 12 de enero de 2013

Eduardo Galeano: "El amor es una enfermedad"







El amor es una enfermedad


El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas.  A los enfermos, cualquiera nos reconoce. 
Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o en el trago. 
Se puede provocar, pero no se puede impedir. 
No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. 
El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. 
No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.






viernes, 11 de enero de 2013

Rafael Lozano: "Te espero"





Te espero


Puede ser que hasta te marches,
que me dejes abandonado
cuando las maletas estén medio hechas,
aunque confío
–cuando las nieves cubran mis miedos-,
que regreses un momento antes
de que la tristeza teja sobre mí su telaraña,
poco antes de que se amustie mi esperanza.

Por si acaso,
dejaré entreabiertas las puertas de mi alma,
y una llave debajo del felpudo,
por si un relámpago de aire
hubiera cerrado mis ojos.

Te espero.
Ya sabes en qué butaca te sueño.







jueves, 10 de enero de 2013

Luis Mateos Díez: "Amores"







Amores


Cuando Amparo me dijo que no me quería, después de seis meses de tenaz noviazgo, me recluí en casa de mi tía Eredia por espacio de tres meses.
El amor de Luisina un año más tarde vino a curar aquella herida que seguía sin cerrarse. Fue un tiempo corto, eso sí, de felicidad e ilusiones. Entender la decisión de Luisina de abandonar el mundo para profesar en las Esclavas me costó una úlcera de duodeno. A mi natural melancolía se unió esa tristeza sin fondo que ni los auxilios espirituales logran paliar.
Irene llegó a mi vida en un baile de verano al que mi amigo Aurelio me llevó como quien dice a punta de pistola. Que dos años más tarde aquella tierna seductora se fuese precisamente con Aurelio, yugulando a un tiempo amor y amistad, fue lo que provocó, en el abismo de la desgracia sentimental, mi hospitalización.
Antonia era una enfermera compadecida que me sacó a flote usando todos los atributos que una mujer puede poseer. El amor del enfermo es un amor sudoroso y lleno de pesares, más frágil que ninguno. Cuando una tarde vi a Antonia y al doctor Simarro besándose en el jardín me metí para el cuerpo un tubo de aspirinas. Gracias como siempre a mi tía Eredia, culminé tras la crisis la desolada convalecencia y, cuando definitivamente me sentí repuesto, comencé a considerar la posibilidad de retirarme del mundo, habida cuenta de que mis convicciones religiosas se habían fortalecido.
Fue entonces cuando me escribió Amparo reclamando mi perdón y reconociendo la interpretación errónea que había hecho de su amor por mí. Nos casamos en seguida y todo iba bien hasta que Luisina, que colgó los hábitos, volvió para recuperar mi amor e Irene y Antonia, bastante desgraciadas en sus respectivos derroteros sentimentales, regresaron para restablecer aquella fidelidad herida convencidas, cada una por razones distintas, de que el único amor verdadero era el mío.
Mi tía Eredia anda la mujer muy preocupada y yo, como dice mi amigo Gonzalo, sobrellevo con astucia y aplomo desconocidos mi destino, trabajando en tantos frentes a la vez. Y me voy convenciendo de que existe una rara justicia amorosa que nos hace cobrar los abandonos, aunque su aplicación puede acabar resultando perjudicial para la salud. 








miércoles, 9 de enero de 2013

Ángela Botero López: "Con los ojos cerrados"










 Con los ojos cerrados


 Con los ojos cerrados
te veo.  
Con ellos abiertos,  
te miro.  
Con las manos cerradas,  
te hablo.  
Con ellas abiertas, 
  te palpo.  
Con la boca cerrada, 
  te hablo. 
  Con ella abierta, 
  te beso.  
Te escucho y  
suspiro,  
respiro y  
te inhalo.  
Con los cinco sentidos,  
TE AMO.