viernes, 8 de febrero de 2013

José Ángel Valente: "Desnudo"








Desnudo



El desnudo, hostigado por tantos juramentos, se deslizó en la noche. Pero la noche dijo todos sus secretos. Cayeron los andamios, se abatieron las torres. Siniestras las solapas llamaron a tu puerta. No tengo identidad dijiste. Y el desnudo volvió solar al día.








jueves, 7 de febrero de 2013

Every Castillo: "Nuditá"








Nuditá



Una mujer desnuda
avanza como el mar a fuego lento
se abre como una flor
se mueve como una balsa
descansa como un suspiro
se viste como un dolor.

Una mujer desnuda
camina por el fuego sin ahogarse
y de su corazón brotan palomas
que sueltan sueños que en la sombra arden.

Una mujer desnuda tiene miedo
de que aparezca el mundo y no haya nadie
que responda por todo lo soñado.














miércoles, 6 de febrero de 2013

Juan Romagnoli: "Enamorados"













(Fragmento extraído de unas declaraciones en las que contaba cómo fue su entrada en el mundo del cuento).


"Un buen microrrelato es aquel que deja en el lector la sensación de que le han metido la mano en el bolsillo sin que lo note y, sin embargo, no puede denunciar el hurto porque, de algún modo, el autor lo ha hecho sentirse cómplice. Como si el texto estableciera, entre escritor y lector, una suerte de Síndrome de Estocolmo literario".



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Enamorados
 

Los enamorados caminan, en la noche silenciosa, por la arena de la playa. Cada tanto, las olas llegan a mojarles los pies.
-¿Me bajarías la luna? -pregunta ella.
-Si pudiera, sabés que sí -responde él.
Ambos quedan en silencio. Ella no parece convencida.
-Y bueno -reflexiona el enamorado-, "si la montaña no viene a Mahoma..."
Y el paso siguiente de los enamorados se prolonga una veintena de metros en el espacio, hasta posarse ambos, livianamente, en el polvo blanco.






martes, 5 de febrero de 2013

Carmen Beltrán: "Los hombros de los gigantes"









Los hombros de los gigantes


Ser bueno era un problema.
Muy grave si lo eras en muchas cosas.
Todos esperaban que cayeses,
que fallases estrepitosamente.
Un fracaso que evidenciara
esa imperfección que tú ya conocías.
Tu punto débil.
Rabiaban por conocerlo.
Te enfermaba su hipocresía
pero te aterraba estar solo.
Y te dejaste devorar por ellos.
Caíste.
Dejaste que te superaran
las veces que fueran necesarias
para lograr que te tuvieran
más pena que envidia.
No volviste a levantar cabeza.
Pero tampoco volviste a estar solo:
los hombros de todos
los triunfadores a los que aupaste
aguardan a que llores en ellos tu fracaso.