sábado, 23 de febrero de 2013

Manuel Fernández-Vaca: "De edad humano (1)"





 


De edad humano (1)



Se hace bello el dolor
para que sea el Hombre;
bello el silencio
y la lágrima blanca en la mejilla;
la flor abierta a fuerza de llanto contenido
y el cotidiano amor
y el pan
y el agua.

Se hace hermosa la herida
y la salvaje sangre
de la amapola nueva
para que sea el hOmbre;
el mar, más rizo azul,
más blanca espuma
para la débil balsa
del naufragio.

“Todo
deja sentir un algo de perfume”,
un algo de gorjeo luminoso
para que sea el homBre.

Se hace música el llanto
y resplandor las húmedas pupilas.
Las  alas rotas del ruiseñor herido
se hacen hermosas
para que sea el hombrE.

La triste nieve de los enfermos rostros
se confunde en el nácar,
y en el albo jazmín,
y en la inmácula nube.

La espiga atarazada en el molino
adopta la hermosura de lo blanco
para que sea el Hombre.

Y cada sombra extiende
sobre la hierba virgen
bellas manchas violetas,
rastros de luz,
para que el llanto sepa a dulce vino,
para que sea hermoso el sufrimiento,
para que sea el homBre.










 

viernes, 22 de febrero de 2013

Juan Romagnoli: "Amante"








Amante
 
Con la excusa de ir al cajero automático, me hago una escapada de noche, sola y con ropa liviana, a encontrarme con él. Es que lo extraño, lo deseo. Es tan inteligente, suave y servicial, y su posición tan sólida. Es tan reservado y caballero. Nos reconocemos con una contraseña y entonces me da la bienvenida.
El acto furtivo nos provoca avidez. Como debo regresar pronto a servir la cena, no demoramos mucho y casi no hay tiempo para despedidas. Mientras me acomodo el vestido y guardo mis cosas en la cartera, él me recuerda que no olvide retirar mi tarjeta. No bien salgo, cierra la puerta discretamente.






jueves, 21 de febrero de 2013

Julio Cortázar: "Encargo"





Encargo


No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.








miércoles, 20 de febrero de 2013

César Gavela "Amor"


 






Amor 



Yo tenía veinte años y el Puente era una ciudad de barro y de camiones, poblada de aventureros y comerciantes, de mujeres adustas y de niños crueles.
Pero en ese mundo también estaba ella, como una luz del sueño y de la duda. Por eso, cuando la conocí, la ciudad se volvió otra. Se adornó con flores imaginadas; flores que yo sentía, sin necesidad de verlas. Y también fue por entonces cuando más brilló el pavés de las calles. Cuando, en cada casa, vivían personas buenas, dispuestas a ayudarme, aunque no sé en qué cosa, porque yo no necesitaba nada.