viernes, 19 de abril de 2013

Julia Otxoa: "Decorados"









Decorados


En aquellos días, los desesperados, que eran los más, se arrojaban de ventanas y balcones, ante la inminente llegada del juez que por impago de sus hipotecadas casas, ejecutaba de inmediato su desahucio.
De este modo, la justicia para hacer cumplir la ley caminaba sobre cadáveres, en una ciudad de aspecto lunar en la que la autoridad había dado orden de colocar maniquíes en las terrazas de las cafeterías y en las butacas de cines y teatros para lograr un cierto aire de normalidad, una vaga sensación de regreso a los luminosos días del pasado y la abundancia.







jueves, 18 de abril de 2013

Antonio Palacios: "No vine a hablarles del paso imparable del tiempo"




No vine a hablarles del paso imparable del tiempo



No vine a hablarles del paso imparable del tiempo.
De sus nostalgias o añoranzas.
Sino de las ruinas que deja a su paso.
Ese lenguaje casi indescifrable.
Todo aquello que una vez perdido,
jamás podremos recuperar.











miércoles, 17 de abril de 2013

Miguel A. Hernández Navarro: "Impasibles"











Impasibles

Ya no había soldados en la ciudad. Los tanques estaban vacíos. Ningún avión sobrevolaba ya los edificios. Habían pasado varios días desde que sonaron por última vez los antiaéreos. Sin duda, la paz había llegado a aquel lugar. Y, sin embargo, nadie salió a la calle para celebrarlo. Todos continuaron con sus rutinas, como si aquella última luz sobre el cielo no hubiera conseguido mostrarles la esencia destilada del género humano.












martes, 16 de abril de 2013

Juan Cruz López: "Eran las cuatro de la mañana"








Eran las cuatro de la mañana



Eran las cuatro de la mañana.
Estaba sentada en el sofá,
la cara hinchada, el pelo revuelto,
los ojos
casi cerrados.
Tenía en la mano
un paquete de galletas.
-Soñé que te morías -dijo,
y noté que había llorado.
La cogí de la mano
y la llevé a la cama.

A la mañana siguiente,
justo al despertar,
extendí mi mano y comprobé
que ya no estaba.
Se había ido al trabajo.
Entonces recordé
el sueño, mi mujer
sonámbula,
sentada en el sofá,
presa de una angustia ciega,
y sentí de golpe
el peso de su ausencia.

La amaba tanto que pensé
que había cosas peores
que la misma muerte.