Decorados
En aquellos días, los desesperados, que eran los
más, se arrojaban de ventanas y balcones, ante la inminente llegada del juez
que por impago de sus hipotecadas casas, ejecutaba de inmediato su desahucio.
De este modo, la justicia para hacer cumplir la
ley caminaba sobre cadáveres, en una ciudad de aspecto lunar en la que la
autoridad había dado orden de colocar maniquíes en las terrazas de las
cafeterías y en las butacas de cines y teatros para lograr un cierto aire de
normalidad, una vaga sensación de regreso a los luminosos días del pasado y la
abundancia.



