sábado, 4 de mayo de 2013

Pedro Salinas: "Si me llamaras"









Si me llamaras


¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: “No te vayas”.







viernes, 3 de mayo de 2013

Javier Ximens: "Benicia, Justino y las obras sociales"










Benicia, Justino y las obras sociales


-Van a cobrar dos euros al mes por cartilla a los que no tengan dos mil euros de saldo medio mensual- Masculla Justino con un trozo de chorizo en la boca y la navaja abanicando el aire.
-¿Y quién no tiene ese dinero en el banco?- Pregunta Benicia que cepilla un pantalón de pana.
-Nosotros..., los parados, los hipotecados, las viudas, los becarios... Pero claro, con algo tendrán que hacer las obras sociales.
-¿Cómo cuáles?- Quiere saber Benicia preocupada por la mancha que no sale.
-No sé..., supongo que para esas jornadas mundiales de las juventudes cristianas, la visita del papa, el aval del presidente valenciano...- Y así podría seguir Justino enumerando mandamientos.
-Entonces bien está, que los que tienen más cuartos en las cartillas son unos agarrados.







jueves, 2 de mayo de 2013

Dolós Miquel "El paraíso"









El paraíso



Si un hombre cruzase el paraíso en un sueño  
y le diesen una flor como prueba de que había estado allí
 y al despertarse encontrase aquella flor 
en su mano…, entonces, qué?”


Coleridge





Atravesé en un sueño el paraíso
y me dieron una flor.
La flor estaba allí cuando me desperté,
sobre las sábanas. Era bellísima.
Se la mostré a mi madre
que vivía encerrada en el corazón de una alcachofa,
hilando la seda de sus ojos, trabajándola
en unos maravillosos sudarios de mil colores.
He estado en el paraíso, madre –le dije.
Y ella sacó del bolsillo
una flor seca, igual, idéntica.
Supe entonces  
que no era suficiente
con haber llegado al paraíso.











miércoles, 1 de mayo de 2013

Araceli Esteves: "Banquete inesperado"

 
 


 
 
 
 
 
Banquete inesperado 
 
 
 
Empezó devorándose la mano. Fue un acto exento de toda premeditación. Sucedió una tarde que se encontraba absorto en pensamientos intrusos mientras se mordía las uñas. El mordisco avanzó imparable sin que él hiciera nada por detenerlo, y al poco tiempo se encontró sacándose huesecillos de la boca. Con la mano que le quedaba los fue colocando sobre la mesa y en pocos minutos quedó montado un mosaico óseo con aspecto de calendario azteca.
Después siguió comiendo el antebrazo hasta el codo. Llegar hasta el hombro fue fácil. Pero parar en ese momento hubiera sido un acto absurdo y antiestético, falto de sentido y de gracia.
Por eso siguió comiéndose, disfrutando de las obligadas contorsiones y de los pellizcos dados aquí y allá.
Y al tiempo que roía huesos y tendones, se sentía más y más ligero. Eso le confortaba, daba sentido al acto devorador.
Sin nada más que comerse quedó su boca tendida en el suelo, solitaria y saciada. Inútil al fin, como una vagina dentada.