viernes, 8 de noviembre de 2013

Alonso Ibarrola: "La camarera"









La camarera



Llegó a la gran ciudad y entró a servir en casa de unos respetables señores. Enviaba a sus padres, que vivían allá, en el pueblo, unos modestos giros postales que con los meses fue incrementándolos, gracias a la nueva ocupación que había encontrado como camarera en un lugar que no precisó muy bien en su carta. La alegría y orgullo de los padres por aquella hija tan buena y cariñosa sufrió un rudo golpe cuando recibieron una carta de un tribunal tutelar de menores notificándoles que su hija se hallaba bajo su custodia, tras haber sido detenida en una sala de fiestas, donde, al parecer, prestaba diversos servicios, entre ellos el de camarera. Cuando la enviaron a casa, su padre le propinó una brutal paliza y su madre la insultó y escarneció despiadadamente. Días más tarde desapareció y nunca más supieron de ella. El padre, de vez en cuando, se acercaba por la oficina de Correos, esperando encontrarse con algún giro postal a su nombre: en vano. Que fuera una prostituta era una desgracia, pero que se comportara tan egoístamente con sus pobres padres, no tenía perdón de Dios, repetía el hombre una y otra vez al funcionario que le atendía.
 





jueves, 7 de noviembre de 2013

Felipe Benítez Reyes: "La condena"








La condena

 

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche. 

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos. 

Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es un desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras lo cifren
halla sólo palabras. 

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida. 

Nuestros tesoros son tesoros falsos.
Y somos los ladrones de tesoros.








miércoles, 6 de noviembre de 2013

José Hierro: "Con las piedras, con el viento"








Con las piedras, con el viento


Con las piedras, con el viento,
hablo de mi reino.

 Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.

Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
como las piedras o el viento.
Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.



 





martes, 5 de noviembre de 2013

Luis Mateo Díez: "La carta"


 

 

 

 

La carta 

 

Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolios y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.