viernes, 27 de diciembre de 2013

Gloria Fuertes: "Escribo"



 Obra de Picasso




 Escribo



Escribo sin modelo
a lo que salga,
escribo de memoria
de repente,
escribo sobre mi,
sobre la gente,
como un trágico juego
sin cartas solitario,
barajo los colores
los amores,
las urbanas personas
las violentas palabras
y en vez de echarme al odio
o a la calle,
escribo a lo que salga.
 
 
 
 
 

jueves, 26 de diciembre de 2013

Araceli Esteves: "El otro"




Obra de Oswaldo Guayamasín





El otro


Cambié por ella, para parecerme al hombre que siempre quiso ver en mí. Abandoné mis costumbres y me adapté a sus horarios, dejé de frecuentar amistades que a ella le molestaban. Ahora por las noches me busca melindrosa, se acerca a soplarme detrás de la oreja para que me disuelva, para mezclarme con ella y vaciarnos los dos en un nuevo organismo que nos acoja y nos contenga. Labios y brazos, piernas y sexos enroscados formando parte de una sola criatura de movimiento suave y jugoso. Busca inútilmente aquello que conseguíamos cuando yo era yo.




("Fisuras en el aire", Eugenio Cano Editor, 2013)



 



miércoles, 25 de diciembre de 2013

Luis Cernuda: "Donde habite el olvido"


 

 

 



Donde habite el olvido



Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. 


Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista. 


En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. 


Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente. 


Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño. 


Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.








martes, 24 de diciembre de 2013

Luis Mateo Díez: "Los invitados"





 Obra de Javier Alberola




Los invitados



Los invitados llegaron a casa a la hora prevista. Ángela y yo les recibimos encantados. La cena fue exquisita. La conversación brillante y entretenida hasta que las copas comenzaron a hacer efecto.
Entonces se iniciaron esos pequeños altercados que son fruto de las envidias y las maledicencias y que lastran las amistades por largas que sean.
Yo, como siempre, me quedé dormido. Para las copas soy un desastre.
Cuando desperté, con el sol en la ventana y la mañana del domingo muy avanzada, tardé un rato en percatarme del desastre en que se había convertido el salón. Todo estaba destrozado.

En la alfombra pisé una enorme mancha que me pareció de sangre. La mancha se repetía en las paredes. Llamé a Ángela, angustiado.
La casa estaba vacía y lo que de ella pude ver, hasta que sonó el teléfono, en parecidas condiciones al salón.
El timbre del teléfono acrecentó el dolor de cabeza que se apoderaba de mí. Me llevé la mano a ella y sentí un bulto pegajoso. Temí desvanecerme.
Descolgué el aparato temblando.
-Ninguno de vosotros me quiso nunca -musitó una voz compungida y llorosa en el auricular, y en seguida escuché el sonido de un disparo.
Antes de salir al jardín y observar los cuerpos mutilados que colgaban de los árboles dejé caer el teléfono con la sensación de que el aroma quemado de la pólvora abrasaba mi mano.