domingo, 1 de junio de 2014

Rafael Lozano: "Palabras como pájaros"




 Obra de Jeannette Woitzik



Palabras como pájaros


Las palabras son como pájaros: en cuanto abres las ventanas salen volando. El problema surge después, cuando las necesitas, pues sin ellas, uno es incapaz de articular nada que sea entendible para los demás, y, a veces, corremos el riesgo de ahogarnos. Cuando las palabras faltan, sentimos un gran vacío en nuestro entorno, y, aunque para estar en silencio, para los grandes solitarios, en ocasiones resultan harto incómodas por su negativa a quedarse quietas, las palabras, las malditas y adorables palabras, son insustituibles por nada.
A cierta edad es tanta la acumulación de ausencias que una más, se hace insoportable. Cuando ves que te faltan, que te esquivan, que juguetonas, trastabillan por el corredor o bajan las escaleras a la pata coja, uno no puede evitar sentirse aprensivo ante su distanciamiento. Luego, por las noches, cuando crees firmemente que las sorprenderás dormida junto a la biblioteca, descubres con error que no han venido a dormir y, muerto de celos, la imaginas coquetas en los labios de otro o al borde de la estilográfica de un joven gramático.
Entonces, te derrumbas, estrujas tu espalda contra el viejo respaldo de la butaca, buscando en un vaso de güisqui el consuelo que necesita el alma. Te cuesta aceptar que todo haya acabado, que a partir de hoy el silencio sustituya el retumbar de sus carambolas acrobáticas, y vuelves a rebuscar en los armarios, en las estanterías, pero lo que ves te aterra mucho más que la marcha del día: los libros, los folios antes emborronados, los tarros de cristal, las cajitas de galletas, todo, todo está vacío, ni un garabato siquiera como despedida.
Y el pobre derrotado, el hombre maduro al que todos y todo abandonan, abre la puerta de la casa, respira el frío helado de enero que pasa por delante de su casa y, en un gesto desesperado, mira al cielo raso lleno de estrellas, anhelando que llegue pronto su serpiente y lo lleve a los confines de los planetas, allí -le han dicho- el mundo está lleno de palabras fieles y armoniosas, llenas de luz y coloridos, dispuestas a todas horas -no importa la estación ni el estado de ánimo- a prestarse para lo que uno disponga.
La palabra es un sortilegio, un continuado deseo, un tesoro esquivo, un ardiente amor, un insufrido anhelo, que una vez que ha conseguido penetrar en tu cuerpo, te domina, te amolda, te perfila, haciéndote su más servil esclavo.
Ya no puedes vivir sin palabras, el mundo, sin ellas, resulta confundido y silencioso; sin ellas, ni vivimos ni existimos: ¡estamos tan hechos a ellas!         










miércoles, 28 de mayo de 2014

Araceli Esteves: "Escalera de vecinos"


 
 
 
 
 
 
 
Escalera de vecinos
 
Martita gritaba todo el tiempo, pero sobre todo a la hora de la cena. Sus bramidos arrancaban de pozos profundos y negros, trepaban por el patio de luces y se mezclaban con el crepitar de las frituras y el parloteo de las cazuelas. El padre cuidaba de ella, le daba de comer y la limpiaba. Por las noches cuando la ataba para que no se lastimase, ella empezaba a aullar. Tenía 20 años o 40, nadie lo sabía con exactitud. Sólo que era hija única de una mujer que murió al parirla. El padre había llegado con ella hacía unos años y apenas tenía contacto con los vecinos. Era un hombre delgado y silencioso que caminaba con la cabeza gacha, como si sus pensamientos pesaran y fuera incapaz de sostenerlos. Martita formaba parte de la banda sonora de la escalera. De día los gritos de Martita, de noche sus aullidos. Una tarde cesaron los quejidos y el piso quedó muerto. Un silencio denso como engrudo se pegó en las paredes de la escalera. Hasta que en casa empezaron a escucharse extraños lamentos. Sobre todo por las noches. Primero eran murmullos suaves, asordinados. Ahora ya son más fuertes y constantes. A veces me sorprendo con ellos agarrados a la garganta. Mamá se acerca temblando. Sólo me calmo cuando me llama Martita.
 
 
 
 
 

domingo, 25 de mayo de 2014

Rafael Lozano: "Haikus" (2)




Fotografía de Katja Maasing





Haikus (2)


Puedo confesar,
que nada hay tan grave
que vivir sin ti.

******

Seamos coherentes:
lo que ayer ocurrió
fue un espejismo.

******

Intentando querer
olvidamos los días
de desamor.

******

Bella pintura
tu rostro reflejado
en la ventana.

******

Después de todo,
para nada sirvió
que lo intentáramos.

******

Somos culpables
de todo lo que hicimos...
y del silencio.

******

Amor, cariño,
díme qué puedo hacer
sin tus abrazos.

******

Los sueños son
las sombras delatoras
de nuestros deseos.

******






domingo, 18 de mayo de 2014

Julio Cortázar: "Los exploradores"










Los exploradores 



Tres cronopios y un fama se asocian espeleológicamente para descubrir las fuentes subterráneas de un manantial. Llegados a la boca de la caverna, un cronopio desciende sostenido por los otros, llevando a la espalda un paquete con sus sándwiches preferidos (de queso). Los dos cronopios-cabrestante lo dejan bajar poco a poco, y el fama escribe en un gran cuaderno los detalles de la expedición. Pronto llega un primer mensaje del cronopio: furioso porque se han equivocado y le han puesto sandwiches de jamón. Agita la cuerda, y exige que lo suban. Los cronopios-cabrestante se consultan afligidos, y el fama se yergue en toda su terrible estatura y dice: NO, con tal violencia que los cronopios sueltan la soga y acuden a calmarlo. Están en eso cuando llega otro mensaje, porque el cronopio ha caído justamente sobre las fuentes del manantial, y desde ahí comunica que todo va mal, entre injurias y lágrimas informa que los sándwiches son todos de jamón, que por más que mira y mira entre los sándwiches de jamón no hay ni uno solo de queso.