Cojeando, me esforcé por alcanzar la fila de niños que
regresaban del recreo. Era la hora del día que prefería. Me mezclaba entre la
chiquillería sorteando toda clase de adversidades y, entre restos de bocadillos
y pedradas que me lanzaban, buscaba la recompensa que tan penosamente se me
resistía. Hay días en que, como hoy, sólo he recibido tres puntapiés en las
costillas y un paraguazo en la cabeza, pero a cambio, uno de los niños me ha
pasado la mano por el lomo y me ha rascado la mandíbula inferior. ¡Guaauuu! Y
es que, para un chucho callejero, más
que al dolor físico, es el hambre de afecto lo que tememos.
Un lugar para la Poesía, el Microrrelato, la Ficción y otros textos errantes.
jueves, 17 de julio de 2014
lunes, 14 de julio de 2014
Amalia Bautista: "Hilos de seda"
Edward Hopper
Hilos de seda
Pensaron
que era la paciente esposa
de un héroe
La que espera noche y día
tejiendo y destejiendo
La que ignora que nunca vuelve
el mismo que ha partido
Y solo soy una maldita araña
Siempre creí que solo las palabras
salían de mi boca, y que eran ellas
las que lograban aplazar mi muerte.
Hoy sé que de mi boca sale un hilo,
transparente y tenaz como un insomnio,
que te ha atado a mi vida para siempre
Llevo casi mil noches fabulando,
me duele la cabeza, tengo seca
la lengua y agotados los recursos
y la imaginación. Y ni siquiera
sé si me salvaré con mis mentiras
de un héroe
La que espera noche y día
tejiendo y destejiendo
La que ignora que nunca vuelve
el mismo que ha partido
Y solo soy una maldita araña
Siempre creí que solo las palabras
salían de mi boca, y que eran ellas
las que lograban aplazar mi muerte.
Hoy sé que de mi boca sale un hilo,
transparente y tenaz como un insomnio,
que te ha atado a mi vida para siempre
Llevo casi mil noches fabulando,
me duele la cabeza, tengo seca
la lengua y agotados los recursos
y la imaginación. Y ni siquiera
sé si me salvaré con mis mentiras
jueves, 10 de julio de 2014
Rafael Lozano: "El camino"
El camino parte de la vieja y abandonada aldea minera:
seis casuchas semiderruidas, con sus respectivos corrales, reciben al visitante nada más bajar del
autobús. De una de las calles traseras, encajonada ya en las primeras cuestas
del macizo, parte el camino que serpentea sobre la loma de un cerro que
dificulta la marcha e impide la visión del paraje idílico que esperamos
encontrar. De vez en cuando es menester hacer un alto en la marcha para reponer
fuerzas en uno de los numerosos manantiales que nos regala el lugar. Una vez
superado el obstáculo, el camino se relaja por un valle que abre los brazos en
actitud de acogimiento, y avanza, paralelo, junto a unas inutilizadas vías
férreas, hasta llegar a lo que, en su tiempo, fue la estación donde se cargaba
el mineral que se extraía en la zona. Desde este viejo edificio hasta la
finalización del trayecto, poco recorrido le queda; a esta altura, el camino
abandona la herrumbrosa compañía de las vías y finaliza, bajando una última e
inclinada pendiente, al borde de un disciplinado pantano.
lunes, 7 de julio de 2014
Luis Mateo Díez: "Un tesoro"
Obra de Sandro Chio
Un tesoro
Viajé a la pequeña
ciudad donde nació mi mujer una tarde de febrero.
Iba a cumplir una de esas últimas voluntades que uno asume con más conciencia del dolor y la memoria que de la necesidad de hacerlo, todavía contagiado por la emoción de aquella ausencia que el tiempo no lograba paliar.
Iba a cumplir una de esas últimas voluntades que uno asume con más conciencia del dolor y la memoria que de la necesidad de hacerlo, todavía contagiado por la emoción de aquella ausencia que el tiempo no lograba paliar.
Rosa quiso, y estoy
seguro de que era una especie de capricho derivado de aquellas obsesiones
finales que tanto la asediaban, que buscase una medalla en un preciso rincón
del patio de la escuela donde habían transcurrido muchos recreos de su
infancia.
Es curioso que alguien
pueda detallar con tanta exactitud el lugar de un diminuto y trivial tesoro
perteneciente a un pasado personal tan remoto, que en esos momentos tan graves
de la enfermedad fatal sobrevenga el recuerdo de un suceso infantil que
posiblemente no volvió a brotar nunca hasta ese instante.
Debajo de un ladrillo,
en el sitio exacto, estaba la medalla enmohecida. Tembló en mis dedos mientras
logré limpiarla y descubrir el rostro indeciso de una Virgen.
-¿Qué haces...? -dijo alguien a mi espalda. Una niña coja con un cabás en la mano izquierda me miraba con gesto severo e indignado.
-¿Por qué me la robas? – repitió.
-¿Qué haces...? -dijo alguien a mi espalda. Una niña coja con un cabás en la mano izquierda me miraba con gesto severo e indignado.
-¿Por qué me la robas? – repitió.
Tendía la mano derecha
con decisión y apenas sin reaccionar deposité en su palma la medalla.
Desde entonces me he sentido despojado de la memoria de mi amor por Rosa y me voy convenciendo, con gran dolor, de que más allá de la desgracia de haberla perdido está la desesperación de presentir que nunca fue mía.
La dueña del tesoro huyó por el patio y desde las aulas se escuchaba como un turbio rumor el canto de multiplicar.
Desde entonces me he sentido despojado de la memoria de mi amor por Rosa y me voy convenciendo, con gran dolor, de que más allá de la desgracia de haberla perdido está la desesperación de presentir que nunca fue mía.
La dueña del tesoro huyó por el patio y desde las aulas se escuchaba como un turbio rumor el canto de multiplicar.
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