viernes, 26 de junio de 2015

Carlos Bousoño: "Sensación de la nada"









SENSACIÓN DE LA NADA




Tiene, después de todo, algo de dulce
caer tan bajo: en la pureza
metafísica, en la luz
sublime de la nada.
En el vacío cúbico, en el número
de fuego. Es la hoguera
que arde inanidad. En el centro
no sopla viento alguno. Es fuego
puro, nada pura. No habiendo fe
no hay extensión. La reducción del orbe a un punto, a
      una cifra que sufre.
Porque es horrendo un padecer simbólico
sin la materia errátil que lo encarna.
Es la inmovilidad del sufrimiento
en sí... Como la noche
que nunca
amaneciese.





(De “Selección de mis versos”, Ediciones Cátedra, 1990)







jueves, 25 de junio de 2015

Domingo F. Faílde: "Retrato de heterónimo"











RENDICIÓN INCONDICIONAL



                                                  Desnúdame, no tengo ya otra cosa.
                                                                               Pablo García Baena




A ti te digo,
                      ven,
                              ¿no eres acaso
el arcángel que invoco,
el que acecha mis sueños y me infunde
las dulces pesadillas que me encienden la carne;
el que me inculca la palabra exacta
si mi deseo proclamo;
el que me hace propuestas transgresoras
cada vez que te miro;
el que me  acerca a ti, si algún milagro,
como un faro en la noche, me ilumina;
el que abre las puertas de mi  reino
con su sola mirada;
el que tiene tu rostro?

Ven, acerca tu mano
y, según tu palabra, hágase en mí
la postrer maravilla,
la sombra incandescente
que arde sin consumirse en el serrallo
más turbio de mi carne.

Mas sea, sin embargo,
tu voluntad: dispón, pues, de este cuerpo,
que arde si tú lo tocas,
que engendra cataclismos al paso de tu lengua
flamígera y flamea,
como una llama, al roce de tus labios;
¿a qué esperas?

Ven, asalta, conquista
el desmayo dichoso de mis miembros
y hazme morder el polvo de tus plantas
y sentir en mi vientre
la tibia comezón de la derrota,
mientras mis dedos buscan
el filo de tu espada
y comulgo tu aliento
y un mar de orquídeas negras
devora mi naufragio y me vomita,
pecio de gloria, al fin, sobre tu pecho.




(De “Retrato de heterónimo”, Editorial Ánfora Nova, 2008)







miércoles, 24 de junio de 2015

Francisco Bejarano: "Atardecer"










ATARDECER



Yo quise de las tardes su decaer dorado
y su brisa marina en una copa de ámbar,
y ver, en la tranquila soledad de mi casa,
los últimos destellos de la luz de un libro.
No quise tardes tristes, pero lo son ahora.
Antes, tras el ocaso, la noche me invitaba
a aventuras triviales de final inocente
y llegaba un mañana distinto cada día.
Ahora, tras la noche, ¿qué me espera mañana?
¿qué noticia pudiera del sueño rescatarme
para otro sueño claro que viviera despierto?




(De “Las tardes”, Editorial Renacimiento, 1988)







martes, 23 de junio de 2015

Juan Carlos Mestre: "Apostillas al decreto de la prohibición"











APOSTILLAS AL DECRETO DE LA PROHIBICIÓN




Lo prohibido no está prohibido para los seres que viven en el cielo

Ni a los hombres que viven en el aire les han sido prohibidas las aguas
No han sido prohibidas las mareas para las mujeres que nadan en el paraíso
Ni el aire ni el agua han sido prohibidos en la tierra donde viven los muertos
Las prohibiciones han sido prohibidas por los elegidos del aire y el agua
Los animales habitan las constelaciones. Los campesinos de la verdad
Remueven los tizones de la prohibición con la madera del pensamiento
No es necesario pronunciar su nombre para que lo prohibido desaparezca
Y queden la tierra y el cielo y las aguas todas libres de prohibición
Todo lo prohibido con latas de pintura. Las representaciones del azar apacible
Todas las prohibiciones abolidas por la prohibición de matar
No es necesario escribir su nombre para que los fragmentos de su lejanía se hagan presentes
Él vive sin prohibición en el agua. Su duración es la tierra y las orillas del cielo
Tú que tienes en la mano una piedra enciéndela como si fuera una antorcha
Tú que tienes en la mano un palo frótalo hasta convertirlo en cosecha de olivo
Porque no dudes que se acercarán a casa los hombres de la prohibición
Los hombres de las devastaciones. Que llegarán a casa los asesinos
Lo que no puede ser prohibido volverá a ser prohibido de otra forma
Tenlo presente, aunque no lo quieras oír, regresa el daño por el camino aprendido
Aquí es donde vive la serpiente. La incorpórea de Wallace Stevens






(De “La bicicleta del panadero”, Calambur Editorial, 2012)