sábado, 27 de junio de 2015

Francisco Brines: ¿Con quién haré el amor?











¿CON QUIÉN HARÉ EL AMOR?

                                                          A Juan Luis Panero



En este vaso de ginebra bebo
los tapiados minutos de la noche,
la aridez de la música, y el ácido
deseo de la carne. Sólo existe,
donde el hielo se ausenta, cristalino
licor y miedo de la soledad.
Esta noche no habrá la mercenaria
compañía, ni gestos de aparente
calor en un tibio deseo. Lejos
está mi casa hoy, llegaré a ella
en la desierta luz de madrugada,
desnudaré mi cuerpo, y en las sombras
he de yacer con el estéril tiempo.




(De “Selección propia”, Ediciones Cátedra, 1999)






viernes, 26 de junio de 2015

Carlos Bousoño: "Sensación de la nada"









SENSACIÓN DE LA NADA




Tiene, después de todo, algo de dulce
caer tan bajo: en la pureza
metafísica, en la luz
sublime de la nada.
En el vacío cúbico, en el número
de fuego. Es la hoguera
que arde inanidad. En el centro
no sopla viento alguno. Es fuego
puro, nada pura. No habiendo fe
no hay extensión. La reducción del orbe a un punto, a
      una cifra que sufre.
Porque es horrendo un padecer simbólico
sin la materia errátil que lo encarna.
Es la inmovilidad del sufrimiento
en sí... Como la noche
que nunca
amaneciese.





(De “Selección de mis versos”, Ediciones Cátedra, 1990)







jueves, 25 de junio de 2015

Domingo F. Faílde: "Retrato de heterónimo"











RENDICIÓN INCONDICIONAL



                                                  Desnúdame, no tengo ya otra cosa.
                                                                               Pablo García Baena




A ti te digo,
                      ven,
                              ¿no eres acaso
el arcángel que invoco,
el que acecha mis sueños y me infunde
las dulces pesadillas que me encienden la carne;
el que me inculca la palabra exacta
si mi deseo proclamo;
el que me hace propuestas transgresoras
cada vez que te miro;
el que me  acerca a ti, si algún milagro,
como un faro en la noche, me ilumina;
el que abre las puertas de mi  reino
con su sola mirada;
el que tiene tu rostro?

Ven, acerca tu mano
y, según tu palabra, hágase en mí
la postrer maravilla,
la sombra incandescente
que arde sin consumirse en el serrallo
más turbio de mi carne.

Mas sea, sin embargo,
tu voluntad: dispón, pues, de este cuerpo,
que arde si tú lo tocas,
que engendra cataclismos al paso de tu lengua
flamígera y flamea,
como una llama, al roce de tus labios;
¿a qué esperas?

Ven, asalta, conquista
el desmayo dichoso de mis miembros
y hazme morder el polvo de tus plantas
y sentir en mi vientre
la tibia comezón de la derrota,
mientras mis dedos buscan
el filo de tu espada
y comulgo tu aliento
y un mar de orquídeas negras
devora mi naufragio y me vomita,
pecio de gloria, al fin, sobre tu pecho.




(De “Retrato de heterónimo”, Editorial Ánfora Nova, 2008)







miércoles, 24 de junio de 2015

Francisco Bejarano: "Atardecer"










ATARDECER



Yo quise de las tardes su decaer dorado
y su brisa marina en una copa de ámbar,
y ver, en la tranquila soledad de mi casa,
los últimos destellos de la luz de un libro.
No quise tardes tristes, pero lo son ahora.
Antes, tras el ocaso, la noche me invitaba
a aventuras triviales de final inocente
y llegaba un mañana distinto cada día.
Ahora, tras la noche, ¿qué me espera mañana?
¿qué noticia pudiera del sueño rescatarme
para otro sueño claro que viviera despierto?




(De “Las tardes”, Editorial Renacimiento, 1988)