EL VISITANTE ME ABRAZÓ
El
visitante me abrazó, de nuevo
era
la juventud que regresaba,
y
se sentó conmigo. Un cansancio
venía
de su boca, sus cabellos
traían
polvo del camino, débil
luz
en los ojos. Se contaba a sí mismo
las
tristes cosas de su vida, casi
se
repetía en él mi pobre vida.
Arropado
en las sombras lo miraba.
La
tarde abandonó la sala quieta
cuando
partió. Me dije que fue grato
vivir
con él (la juventud ya lejos),
que
era una fiesta de alegría. Solo
volví
a quedar cuando dejó la casa.
Vela
el sillón la luna, y en la sala
se
ve brillar los astros. Es un hombre
cansado
de esperar, que tiene viejo
su
torpe corazón, y que a los ojos
no
le suben las lágrimas que siente.
(De “Poesía completa”, Tusquets Editores, 1999)