domingo, 9 de abril de 2017

Rafael Lozano: "Olor a ausencia"











OLOR A AUSENCIA


La chimenea ardía.
La alcoba me olía,
toda ella,
a invierno profundo,
a distancias.

¡Era tan raro!
Debería oler a humo.




(De "Plenitud", 1974)








 






viernes, 7 de abril de 2017

Julio Cortázar: "Rayuela"










“Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo, y defino, y deseo esos ríos, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden, que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y del alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos.” 







(De "Rayuela", RBA Editores, 1993)







miércoles, 29 de marzo de 2017

Mario Benedetti: "La tregua"










Jueves 21 de febrero



Esta tarde, cuando venía de la oficina, un borracho me detuvo en la calle. No protestó contra el gobierno, ni dijo que él y yo éramos hermanos, ni tocó ninguno de los innumerables temas de la beodez universal. Era un borracho extraño, con una luz especial en los ojos. Me tomó de un brazo y dijo, casi apoyándose en mí: “¿Sabés lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte”. Otro tipo que pasó en ese instante me miró con guiño de solemnidad. Pero ya hace cuatro horas que estoy intranquilo, como si realmente no fuera a ninguna parte y sólo ahora me hubiese enterado. 




 (De "La tregua", Alianza Editorial, 2009)










miércoles, 26 de octubre de 2016

Ana Rossetti: "Los jadeos de Lelia"











LOS JADEOS DE LELIA



                           “Y ningún hombre hay para lo
                                         que espero”.

                                                                       María Callas



De quién es, de quién esa serpiente
que por mi espalda sube,
de quién los dedos
que geométricos hilan jardines en mi piel.
Tus dedos... Oh, tus dedos
-de libélulas, enjambres por mi falda-
hasta que palidezcan sean mordidos;
tu sabor en mi boca se aventure
y en mi lengua se asiente.
Tus dedos... Oh, tus dedos
-de mis collares cómplices-
finjan en mi garganta asesinatos;
mi pelo, con su lluvia madreselva,
gozoso, de fragancia, los salpique.
Oh, tus dedos, corpúsculos rosados,
poros estremecidos, dime dónde,
dónde el helecho enreda su voluta,
en qué raro lugar acecha la respuesta
de mi sangre sellada.
Soy sauce agazapado, con las rodillas tensas,
con las manos crispándose en mis muslos,
intacto el rostro, el labio, mis ojos descifrando
del cielo los relieves, las estrellas.
Tus dedos... Oh, tus dedos,
falta una mariposa, un quemante aleteo
emboscado en mi piel, élitros faltan.
Rebusco en mi joyero los ojos extraviados
y aliento cimbreante, y la adiestrada mueca
de ansiedad, y escondiendo mi hastío,
mi fracaso, acreciento tu triunfo.
De quién es, de quién esa serpiente
que sube por mi espalda...
                                         ...acaso tu lengua.






(De “Indicios vehementes”, Ediciones Hiperión, 1990)