martes, 15 de abril de 2014

Rafael Lozano: "La casa"



 
 
Pintura de Doug Kreuger

 

 

La casa

 


La casa blanca, situada en un altozano que ofrecía la tierra, es la referencia primera que encuentras tras salir del lóbrego bosque de  hayas que la rodea. Presenta un abandono indefinido, ocupadas la mayor parte de sus paredes por grandes lienzos de hiedra. Las hojas de las ventanas, sin cristales, están a merced del fuerte viento que, a diario, las azota, produciendo con sus continuos golpes un estruendo que cala  los huesos.
La casa tiene dos plantas con pisos de madera exótica; las paredes interiores, o lo que quedan de ellas, aún ofrecen restos del forrado con telas y, sobre una de ellas, el marco de lo que un día fuera un dorado espejo.
Poco más queda de la casa. Sobre el suelo empolvado de una de las estancias, algunos libros esparcidos sin portadas y, al fondo, en el hueco que deja dos medias paredes, una muñeca sin piernas ni cabeza, sentada dócilmente sobre una desvencijada mecedora.











jueves, 10 de abril de 2014

Rafael Lozano: "Llovía"


 
Pintura: Vincent van Gogh

 

 

Llovía


Llovía.
Tras el vaho de los cristales
un fuerte aguacero inundaba mi vida.

No sabría precisar si hacía frío o no,
si era la noche o era el día.
Sólo sé que llovía.
Y que cuando abrí mi corazón
tú estabas allí,
tumbada junto a mi agonía.

Llovía.
Y era el sol y también era la luna.
Pero mi pecho estaba seco.








martes, 8 de abril de 2014

Francisco Umbral: "La vida es esto"



Pintura: George Grosz




No hay profundidad, la vida es esto. La vida es una máquina engrasada, el rodar silencioso de los días, el sol como una rueda que va lenta, las mañanas con diarios y muchachas, las tardes con otoños en racimo, las noches como un río que se desborda, pacífico y lustral, de cauce hondo.
No hay complicación, la vida es esto. El pan de cada día, tan monótono, comer monotonía de vez en cuando, cenar una manzana newtoniana, muy moderadamente newtoniana, soñar una mujer como una gran ave, no llevar nada suelto en los bolsillos, escribir un artículo diario, leer aquellos libros ya invernales donde me hice escritor plagiando imágenes. Y poco más.
Los sacerdotes verdes y los sabios, Kant y San Agustín, toda esa gente, quieren que nos sintamos importantes, nos pasean por el cielo y por la tierra, nos abruman de dioses y pecados, nació la trascendencia en una iglesia como útil derivado del poema. (Toda la religión no es sino poesía aplicada, truco, trampa.) Y el filósofo ateo y la mujer doliente quieren que nos sintamos infinitos, el cielo tan sencillo de esta tarde, con hojas de moneda y luz de enfermo, nos lo quieren cambiar por otro cielo retórico de arpas y profetas.
Mas no hay profundidad, la vida es esto, un continuo presente y la salud. ¿Animales de fondo? Juan Ramón iba a Dios y ganó el Nobel. Del Nobel no se pasa, sin el Nobel se pasa, ahora hace fresco.
¿Animales de fondo? Somos la superficie de un planeta que rueda cotidiano, algo vulgar, somos anticipado cementerio, ni siquiera hay dolor entre nosotros, ni siquiera la pena puebla el campo. Gente de superficie, buena gente, patata y pimentón es mi merienda, patata y pimentón mi eternidad.


(de "Un ser de lejaanías", Ed. Planeta, 2001)






 



martes, 31 de diciembre de 2013

Ángel González: "Inventario de lugares propicios al amor"




 Obra de Edward Hopper


 




Inventario de lugares propicios al amor
 


Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.