Mostrando entradas con la etiqueta Felipe Benítez Reyes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Felipe Benítez Reyes. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de abril de 2015

Felipe Benítez Reyes: "Los vanos mundos"










 
LOS VANOS MUNDOS



Allí donde se agrupan los tenderetes blancos
de los libreros, con mercancía escasa
y a menudo banal;

allí donde más claramente se confunden
palabras y monedas, el desdén y el olvido
hacia autores triviales;

allí donde se mezclan muy raras ediciones
con el libro vulgar;  
allí donde está escrita la sombra de una mano
no diestra en dar memoria de su mundo,
no templada en el arte, que es incierto y de trato difícil;

allí donde los libros son apenas mercado
de la desolación, de un hermoso fingir lo que no es cierto
ni tiene falsedad y poco importa,
la sensación de vida es algo extraño
y un gesto no muy noble, allí, la vida.





(De "Paraísos y mundos", Ediciones Hiperión, 1996)






jueves, 7 de noviembre de 2013

Felipe Benítez Reyes: "La condena"








La condena

 

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche. 

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos. 

Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es un desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras lo cifren
halla sólo palabras. 

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida. 

Nuestros tesoros son tesoros falsos.
Y somos los ladrones de tesoros.








jueves, 25 de julio de 2013

Felipe Benítez Reyes: "Miseria de la poesía"










Miseria de la poesía


 
La lenta concepción de una metáfora
o bien ese temblor que a veces queda
después de haber escrito algunos versos
¿justifican una vida? Sé que no.
Pero tampoco ignoro que, aun no siendo
cifra de una existencia, esas palabras
dirán que quien dispuso su armonía
supo ordenar un mundo. ¿Y eso basta?
Los años van pasando y sé que no.

Hay algo de grandeza en esta lucha
y en cierto modo tengo
la difusa certeza de que existe
un verso que contiene ese secreto
trivial y abominable de la rosa:
la hermosura es el rostro de la muerte.
Si encontrase ese verso, ¿bastaría?
Tal vez no. Su verdad, ¿sería tanta
como para crear un mundo, para darle
color nuevo a la noche y a la luna
un anillo de fuego, y unos ojos
y un alma a Galatea, y unos mares
de nieve a los desiertos? Sé que no.









martes, 28 de mayo de 2013

Felipe Benítez Reyes: "Anotaciones en un libro"








Anotaciones en un libro



¿Cómo encontrar esa metáfora
que contenga la luna, que contenga
las largas noche de amor, de abatimiento,
que exprese una emoción inexpresable,
que evoque y resucite y haga nítidas
las regiones lejanas que pisó la memoria?

¿Y cómo hacer posible que la muerte
nos respete, dejándonos vivir en el recuerdo
de las generaciones venideras por sólo unas palabras
que aspiraron a ser como la música
aladas y profundas, inútiles y hermosas?

Un florentino engrandece su amor
creando el Paraíso y el Infierno. 





sábado, 6 de octubre de 2012

Felipe Benítez Reyes: "Advertencia"






Advertencia

Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.