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viernes, 25 de octubre de 2013

Mar Horno García: "El viajero"








El viajero



Viajar abre la mente. Por eso el abuelo tenía un agujero en la cabeza de considerable tamaño. Muchas veces era divertido porque de él huían cebras a la carrera, algún lémur o una cría de elefante. Los niños siempre remoloneaban a su alrededor esperando que saltara de su mollera abierta cualquier sorpresa. Otras veces era muy fastidioso. Por ejemplo, cuando emergían sonidos estridentes de alguna gran ciudad o asomaba la punta del Kilimanjaro y teníamos que llamar a la grúa para sacar la gigantesca mole. Un día comenzó a brotarle agua en cascada y arrastró todos los muebles varias leguas, dejando en el jardín una canoa varada. En cierta ocasión, salió, no sin esfuerzo, una familia somalí con la que intercambiamos costumbres y saberes. Incluso, el pequeño Kalí se quedó con nosotros algunos años. Cuando el viejo, por fin, emprendió su último viaje, le pusimos su trasnochado traje de aventurero y le colocamos en una pira que ardió lentamente. Y mientras el humo ascendía, se alejaron también libertad, tolerancia, respeto, sueños. Como aves migratorias. Y de nuevo se abotonó nuestro pequeño ojal de las utopías





miércoles, 10 de julio de 2013

Mar Horno García: "Gente corriente"








Gente corriente


Río abajo pasa la gente corriente: oficinistas con maletines, obreros con monos de trabajo, amas de casa con la compra, colegiales con mochilas, abuelos sin sueños,  poetas sin éxito, mendigos con cartones de vino. Pasan deprisa, apiñados, y, sin embargo, sin verse. Todos concentrados en mantenerse a flote.  Muchos se ahogan. A los otros no parece importarles. Unos pocos intentan agarrarse a algún tronco y salir del torrente, imaginando que en tierra, hay un mundo diferente. Al final, el caudal los arrastra y los devuelve a la fila. Ya se sabe, baja mucha gente. Y la corriente, es muy fuerte.








lunes, 15 de abril de 2013

Mar Horno García: "Locura familiar"









Locura familiar



Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto. Parece fortuito pero sabemos que después se pasará un buen rato cantando. Seguimos a lo nuestro. Papá pega una nueva pieza en su maqueta absurda. Cándida enjuaga cansancio y platos en el fregadero. Mi hermana perfecciona su maledicencia con la vecina. Yo escribo. De pronto se deja oír un trino largo, un gorjeo maravilloso, quiebros imposibles, floreos, cascabeles, y, como todas las mañanas, vemos salir a mamá volando por la ventana. Volverá al atardecer para dormir en el perchero del dormitorio. Yo quería internarla pero papá fue categórico.
—¿Acaso no quieres ser tú poeta? Déjala a ella que sea pájaro.







lunes, 18 de marzo de 2013

Mar Horno García: "Deseos"








Deseos


Un charlatán conduciendo un carromato desvencijado fue la novedad entre el tropel de feriantes que por las Fiestas de San Amador siempre llegaban al pueblo.
—¡Vengan, vengan, pócimas crecepelo, vigorizantes masculinos, camisones de seda, estrellas de los deseos, ünguentos milagrosos para el dolor, alfombras persas! 
En cuanto lo oyó, trotó hasta el pequeño circo y se ofreció para hacer cualquier faena. Cuando le pagaron un par de perras, corrió hasta la carreta del mercachifle. 
—Por esto sólo te puedo dar tres pequeñitas, le dijo socarrón el buhonero, entregándole un frasquito. 
El niño esperó hasta que se hizo oscuro. Entonces se deslizó entre las callejuelas, saltó la verja y encontró a tientas lo que buscaba. Abrió el frasco y sopló el polvo de estrellas sobre la tumba. Después se acostó sobre ella y pegó la oreja todo lo que pudo al frío mármol. Así estuvo durante horas hasta que se quedó dormido mientras susurraba, despacito, "ven aquí mi amor, que eres la estrella más bonita de mi cielo", lo que siempre le decía su madre mientras lo peinaba para ir al colegio. Si alguien hubiera estado allí, quizás hubiera visto , o no, cómo una mano quimérica acariciaba su carita.