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lunes, 28 de octubre de 2013

Eduardo Galeano: "Ceremonia"


 



  

Ceremonia


El Chato llevaba muchos años detrás de aquel mostrador. Servía bebidas, a veces las inventaba. Callaba, a veces escuchaba. Conocía las costumbres y las manías de cada uno de los clientes que venían, noche tras noche, a mojar la garganta.
Había un hombre que llegaba siempre a la misma hora, a las ocho en punto de cada noche, y pedía dos copas de vino blanco seco. Pedía las dos a la vez y las bebía él solo, un sorbo de una copa, un sorbo de la otra. Muy lentamente, en silencio, el hombre vaciaba sus dos copas, pagaba y se marchaba.
El Chato tenía la costumbre de no preguntar. Pero una noche el hombre le leyó alguna curiosidad en los ojos; y como quien no quiere la cosa, contó. Dijo que su amigo más amigo, su amigo de siempre, se había ido. Harto de correr la liebre, se había ido muy lejos del Uruguay, y ahora estaba en Canadá.
Allá le va muy bien –dijo.
Y después dijo:
No sé si le va muy bien.
Y se calló la boca.
Desde que su amigo se había ido, los dos se encontraban cada noche, a las ocho en punto, hora de Montevideo, él en este bar de aquí y su amigo en un bar de allá, y bebían úna copa juntos.
Y así pasó el tiempo, noche tras noche.
Hasta que una vez el hombre llegó con la puntualidad de siempre pero pidió una sola copa.
Y bebió, lento, callado, quizás un poco más lento y callado que de costumbre, hasta la última gota de esa única copa.
Y cuando pagó la cuenta y se levantó para marcharse, el Chato hizo lo que nunca: lo tocó.
Estiró el brazo sobre el mostrador y lo tocó:
Mi pésame–dijo.








domingo, 11 de agosto de 2013

Eduardo Galeano: "Asaltado asaltante"













Asaltado asaltante



En América Latina, las dictaduras militares quemaban los libros subversivos. Ahora, en democracia, se queman los libros de contabilidad. Las dictaduras militares desaparecían gente. Las dictaduras financieras desaparecen dinero.
Un buen día, los bancos de la Argentina se negaron a devolver el dinero de los ahorristas.
Norberto Roglich había guardado sus ahorros en el banco, para que no los comieran los ratones no los robaran los ladrones. Cuando fue asaltado por el banco, don Norberto estaba muy enfermo, porque los años no vienen solos, y la jubilación no daba para pagar los remedios.
De modo que no le quedaba otra: desesperado, penetró en la fortaleza financiera y sin pedir permiso se abrió paso hasta el escritorio del gerente. En el puño, apretaba una granada:
-O me dan mi plata o volamos todos.
La granada era de juguete, pero hizo el milagro: el banco le entregó su dinero.
Después, don Norberto marchó preso. El fiscal pidió ocho a dieciséis años de cárcel. Para él, no para el banco.









sábado, 20 de julio de 2013

Eduardo Galeano: "Mujer que dice chau"











Mujer que dice chau



Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en que empezó la suerte.
Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar.)
No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.




lunes, 10 de junio de 2013

Eduardo Galeano: "¿Tiene usted tiempo para la belleza?




 

 

 

 ¿Tiene tiempo para la belleza?

 

En esta mañana (12 de enero) del año 2007, un violinista ofreció un concierto en una estación de metro de la ciudad de Washington.
Apoyado contra la pared, junto a un tacho de basura, el músico, que más parecía un muchacho de barrio, tocó obras de Schubert y otros clásicos, durante tres cuartos de hora.
Mil cien personas pasaron sin detener su apurado camino. Siete se detuvieron durante algo más que un instante. Nadie aplaudió. Hubo niños que quisieron quedarse, pero fueron arrastrados por sus madres.
Nadie sabía que él era Joshua Bell, uno de los virtuosos más cotizados y admirados del mundo.
El diario The Washington post había organizado este concierto. Fue una manera de preguntar:  -¿Tiene usted tiempo para la belleza?

 

 

 

 

 

 

viernes, 5 de abril de 2013

Eduardo Galeano: "El amor"







El amor


En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
- ¿Te han cortado?- preguntó el hombre.
- No-dijo ella-. Siempre he sido asi.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta.
Dijo:
- No comas yuca, ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansá.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reirse, cuando el le decía:
- No te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en la hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:
- ¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
- Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.







martes, 29 de enero de 2013

Eduardo Galeano: "El mundo"



 

 

 

El mundo

 


Un hombre del pueblo de Neguá; en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.












lunes, 21 de enero de 2013

Eduardo Galeano: "Celebración de la fantasía"



 

 

 

Celebración de la fantasía

 


Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.
Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo

-Y anda bien -le pregunté

-Atrasa un poco -reconoció.









sábado, 12 de enero de 2013

Eduardo Galeano: "El amor es una enfermedad"







El amor es una enfermedad


El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas.  A los enfermos, cualquiera nos reconoce. 
Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o en el trago. 
Se puede provocar, pero no se puede impedir. 
No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. 
El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. 
No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.






miércoles, 10 de octubre de 2012

Eduardo Galeano: "Mano de obra"








Mano de obra

Mohamed Ashraf no va a la escuela.
Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo.
Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco.
Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: "Esta pelota no ha sido fabricada por niños".




sábado, 22 de septiembre de 2012

Eduardo Galeano: "El miedo manda"









El miedo manda (Relato sobre un emperador chino)

 
Las leyendas no se detienen en minucias. Una de ellas cuenta que un emperador de la China fue iluminado por la verdad, pero no nos ha dicho su nombre ni su dinastía ni su tiempo.
El emperador llamó a su consejero principal, y le confió su angustia:

-Nadie me teme -dijo.

Como sus súbditos no lo temían, tampoco lo respetaban. Como no lo respetaban, tampoco le obedecían.

-Falta castigo -opinó el consejero.

El emperador dijo que él mandaba azotar a quien no pagaba el tributo, que sometía a lento suplicio a quien no se inclinaba a su paso y que enviaba a la horca a quien osaba criticar sus actos.
 
-Pero esos son los culpables -dijo el consejero. Y explicó:
 
-El poder sin miedo se desinfla como el pulmón sin aire. Si sólo se castiga a los culpables, sólo los culpables sienten miedo.
 
El emperador meditó, en silencio, y dijo:
 
-Entiendo.
 
Y mandó al verdugo que cortara la cabeza del consejero, y dispuso que toda la población de Pekín asistiera al espectáculo en la Plaza del Poder Celestial.
Después del consejero, otros inocentes fueron decapitados.
El emperador tuvo larga vida y feliz gobierno.



martes, 4 de septiembre de 2012

Eduardo Galeano: "Pequeña muerte"









Pequeña muerte 

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.