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viernes, 1 de abril de 2016

Manuel Moya: "Arquíloco"











ARQUÍLOCO



Tú sola eres mi patria.
De lo demás puedo prescindir.
No de tu erizado pubis, no de tus manos
o tu lengua,
preciso instrumental para el temblor.
Ya no defenderé otra causa
ni otros labios hendiré.
Toma mi escudo.
Ve al mercado y cámbialo.

Defenderme no quiero, si es de ti.






(De Apuntes del natural, Fundación José Manuel Lara, 2013)











jueves, 24 de diciembre de 2015

Manuel Moya: "El desierto de los tártaros"











EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS



No nos trajo aquí promesa alguna de victoria.
Fuimos pocos y resistir absurdo. No quisimos
redención y no pactamos inciertas certidumbres.

Mas seguimos defendiendo este vacío,
el hueco femoral, la breve rosa.

Es ya tarde para todo.
Se encienden como siempre
las antorchas, pero su luz no es nada
sobre la vasta extensión adormecida.

Somos pocos. Y débiles.
Y el pánico nos forja.
Como cristal en la nieve, caerán sobre nosotros,
y cuando todo acabe maldecirán las piedras...
y pasarán de largo...
                          y pasarán de largo
como el agua que un día vimos sobre el río,
trepar despavorida, absurda, a los tejados.






(De Apuntes del natural, Fundación José Manuel Lara, 2013)






martes, 24 de noviembre de 2015

Manuel Moya: "Vasques retrata a Bernardo Soares"










VASQUES RETRATA A BERNARDO SOARES



Hombre atento aunque asustado
el tal Bernardo.
Lo pierde el vino
y esos verso que, dicen,
le ocupan largas horas.
Pero, claro, un hombre solo
qué va a hacer.
Para echarse a los tranvías hace falta
decisión y a él no le sobra. En fin,
cada cual tiene su alcohol:
a qué darle más vueltas.






(De Apuntes del natural, Fundación José Manuel Lara, 2013)

















jueves, 10 de septiembre de 2015

Manuel Moya: "Alto es el cielo"







 
ALTO ES EL CIELO


                               Para Rafael Vargas





Alto es el cielo
no para el que vuela más allá de las nubes,
ni para el que en él encubre su miedo o su arrogancia,
sino para quien se atreve a mirarlo
con ojos de inocencia, como acabado de hornear.
Alto no es quien desde el promontorio mira
a quienes pasan por debajo
o el que desde la gran muralla observa el horizonte
y juzga que todo está a sus pies,
sino el que nunca baja la mirada ante los hombres
y jamás halla fango en sus manos;
alto es quien por la calle va dejando vivas
y frescas amapolas y la luz de sus ojos
reparte entre los hombres;
no quien habla alto, ni el que a muchos habla,
ni el que imparte doctrina,
sino el que en la sucia taberna
escucha al extranjero o al sin voz,
el que duda y no halla nada sólido,
sino movimiento, tránsito.
Alto no es quien irrumpe en el templo
con voces estridentes,
sino el que en él, ensimismado,
escucha su voz que surge de una grieta;
no es alto el músico porque al sonar el instrumento
a todos complazca y de todos se sepa admirado,
sino el que al tomarlo siente cómo en él vibra el mundo
y en sus dedos la nada del aire se llena de sentido,
pájaros que vuelan hacia el norte,
nimbos tejiéndose en la aurora.
Alto el que se entrega, el que se da,
el que lleva siempre a un niño
arrullado en sus ojos, el que se rinde por amor,
el que por amor destruye el palacio,
el que perdona, el que al llegar a casa,
secándose el sudor, exclama,
bien estuvo el día, lo he vivido.





(De “El sueño de Dakhla”, Algaida Editores, 2008)










viernes, 8 de mayo de 2015

Manuel Moya: "Apunte para un niño muerto"










APUNTE PARA UN NIÑO MUERTO


                                                               a fran y a pilar, su madre


Dulces son las praderas y los azules días del verano,
el peso de la brisa y el olor de la lluvia en los pinares.
Dulce es el agua que mansa corre por la acequia
y el corazón de quien ríe y la voz cuando susurra.
Fran estuvo aquí y es la pradera, un día azul de estío,
la acequia, los pinares, la voz amarilla del susurro.
Se marchó sin saber de las nubes que manchan el otoño,
sin ver el óxido en los muros, el batir de las puertas,
la oscuridad de los pozos. Azul era su pecho.
y llenaba de azul los almanaques,
las manos, los jardines, los domingos,
mientras un lento escarabajo trepaba hasta sus labios
enloquecido de luz y de inocencia.
No hay nada más tibio ni nada hay más amargo
que la voz de un niño
que, como un tren, hace temblar nuestra memoria.




(De “Apuntes del natural”, Fundación José Manuel Lara, 2013)