domingo, 16 de abril de 2017

Julio Cortázar: "El Perseguidor"












“En la calle me he subido el cuello de la gabardina porque empezaba a lloviznar, y he respirado hasta que me dolieron los pulmones; me ha parecido que París olía a limpio, a pan caliente. Sólo ahora me he dado cuenta de cómo olía la pieza de Johnny, el cuerpo de Johnny sudando bajo la frazada. He entrado en un café para beber un coñac y lavarme la boca, quizá también la memoria que insiste e insiste en las palabras de Johnny, sus cuentos, su manera de ver lo que yo no veo y en el fondo no quiero ver”.



 

(De “El Perseguidor”, Editorial Seix Barral, 1983) 











jueves, 13 de abril de 2017

Manuel Fernández-Vaca: "De edad humano" (33)














DE EDAD HUMANO (33)



El homBRE está muriendo a flor de tierra,
da de comer al mar su sangre hermosa,
lucha contra la noche que le acosa
y contra el dios que su cuerpo encierra.

Agoniza; el crepúsculo le aterra
por más que el cielo se lo tiñe de rosa;
le ahoga el duro peso de la losa
con la que el mundo su sepulcro cierra.

Expira, se consuma su agonía,
dice su último llanto, el más profundo,
y su último suspiro: el que confía

en que su llanto no será infecundo
cuando a la Tierra llegue el Tercer-Día
que hará posible al HoMbRe sobre el  mundo. 





(De "De edad humano", El toro de barro, 1970)











 

domingo, 9 de abril de 2017

Rafael Lozano: "Olor a ausencia"











OLOR A AUSENCIA


La chimenea ardía.
La alcoba me olía,
toda ella,
a invierno profundo,
a distancias.

¡Era tan raro!
Debería oler a humo.




(De "Plenitud", 1974)








 






viernes, 7 de abril de 2017

Julio Cortázar: "Rayuela"










“Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo, y defino, y deseo esos ríos, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden, que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y del alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos.” 







(De "Rayuela", RBA Editores, 1993)