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jueves, 13 de abril de 2017

Manuel Fernández-Vaca: "De edad humano" (33)














DE EDAD HUMANO (33)



El homBRE está muriendo a flor de tierra,
da de comer al mar su sangre hermosa,
lucha contra la noche que le acosa
y contra el dios que su cuerpo encierra.

Agoniza; el crepúsculo le aterra
por más que el cielo se lo tiñe de rosa;
le ahoga el duro peso de la losa
con la que el mundo su sepulcro cierra.

Expira, se consuma su agonía,
dice su último llanto, el más profundo,
y su último suspiro: el que confía

en que su llanto no será infecundo
cuando a la Tierra llegue el Tercer-Día
que hará posible al HoMbRe sobre el  mundo. 





(De "De edad humano", El toro de barro, 1970)











 

martes, 11 de octubre de 2016

Manuel Fernádez-Vaca: "De edad humano (8)"











DE EDAD HUMANO (8)



Y el hOmbRe aprende
la ciencia de frenar a los caballos,
de domar el avance de la espiga,
de enjaular la canción de los jilgueros
y de arrancar las amarillas flores
que mueve el viento sobre los tejados.

Hay que domesticar a las palmeras,
recortarles las alas a todas las palomas,
educar el piar de los gorriones,
desnudar a la oveja,
arrancarle el marfil al elefante,
poner en línea el arco iris
y enseñarle silencio a los arroyos.

Aprende el HombrE a ser
civilizado:
a siempre caminar por la derecha
aunque sea más hermosa la acera de enfrente;
a no poner sobre el mantel los codos;
a asesinar a diario su alegría
para que no se turbe
la sensatez urbana.

El Hombre siente dentro
un río encabritado,
una dulce tormenta
soñadora de alas extendidas
en desplegada libertad cantora.

Quiere subir cantando a las palmeras
y columpiarse en su collar de dátiles;
caminar por el campo
bajo las dulces lluvias de septiembre;
desenjaular el trino de las aves;
tirar por la ventana
como un vuelo de pájaros
los libros y cuadernos de la escuela;
correr por el monte
detrás del cigarrón
y la alegranza;
bañarse en cueros
en el cristal del río;
robar almendras
y apedrear cristales;
llamar al aldabón
o al timbre de las puertas;
pescar en los estanques
de los parques prohibidos;
bajar las escaleras
montando al tobogán de las barandas...

Quiere el hombRE
que sea domingo siempre
y feria todo el año.
Que nada esté prohibido:
ni el ir en bicicleta a contraflecha,
ni aplastar la nariz en los cristales,
ni morderse las uñas,
ni reírse como un chorro de agua.

Pero el padre del hOmBre,
el maestro del hOmbRe,
el confesor del HombrE,
la niñera del HombE,
el guardia del barrio del hoMbrE,
las sombras que amargan la risa del hoMBre,
cruzan la calle oscuros,
embozados
bajo sus capas negras,
como nacidos del horror de un pozo.

Y el hOmBrE llora
con un pájaro herido
entre las manos
y con la risa rota
por la mordaza
de un asfixiante miedo.
El hOMbre llora
porque le han convertido la conciencia
en un gusano cruel que sin cesar remuerde
en sus adentros.

El hoMbRE sabe ya
lo importante que es ser
civilizado:
saber que es pecado
cantar en la playa
y que de bien nacidos
ir a diario a la escuela
para aprender a nadar
cívicamente;
para aprender
a llorar de amargura
con estilo,
sin desgarradas lágrimas;
con toda urbanidad,
como deben sufrir los hombres educados. 





 (De "De edad humano", El toro de barro, 1970)










sábado, 23 de febrero de 2013

Manuel Fernández-Vaca: "De edad humano (1)"





 


De edad humano (1)



Se hace bello el dolor
para que sea el Hombre;
bello el silencio
y la lágrima blanca en la mejilla;
la flor abierta a fuerza de llanto contenido
y el cotidiano amor
y el pan
y el agua.

Se hace hermosa la herida
y la salvaje sangre
de la amapola nueva
para que sea el hOmbre;
el mar, más rizo azul,
más blanca espuma
para la débil balsa
del naufragio.

“Todo
deja sentir un algo de perfume”,
un algo de gorjeo luminoso
para que sea el homBre.

Se hace música el llanto
y resplandor las húmedas pupilas.
Las  alas rotas del ruiseñor herido
se hacen hermosas
para que sea el hombrE.

La triste nieve de los enfermos rostros
se confunde en el nácar,
y en el albo jazmín,
y en la inmácula nube.

La espiga atarazada en el molino
adopta la hermosura de lo blanco
para que sea el Hombre.

Y cada sombra extiende
sobre la hierba virgen
bellas manchas violetas,
rastros de luz,
para que el llanto sepa a dulce vino,
para que sea hermoso el sufrimiento,
para que sea el homBre.