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viernes, 13 de junio de 2014

Víctor Lorenzo Cinca: "Cacería"




Obra de John Koch






Cacería



Subes un poco la persiana y la luz que entra por las rendijas va moteando la desnudez de tu piel. A los pies de la cama te transformas en guepardo. Oteas la llanura, paciente y tranquila, en busca de un ejemplar joven y vulnerable, y descubres junto a la almohada el ovillo de mi cuerpo. No hay escapatoria. De nada va a servir correr en esta sábana tan extensa. Relampagueas hasta mi cuello y me abates de un mordisco. Puedo ver esas lágrimas de tizne que se deslizan desde tu ojos. Hay quien dice que son para protegerte del sol, aunque yo creo que solo son ruinas de tu maquillaje. Arrastras mi cuerpo hasta un rincón de la cama para evitar que los carroñeros te arrebaten la presa. Resuellas, muerdes, succionas, arrancas, gimes. Aprietas, asfixias, despedazas, tragas. Terminado el festín huyes en busca de un lugar sombrío. La digestión será lenta y pesada. Para ambos.







miércoles, 9 de octubre de 2013

Víctor Lorenzo Cinca: "Peligro de extinción"








Peligro de extinción
 

Me gusta tu adicción a la soledad, ese rincón a la sombra donde mascas tus problemas, te sinceras y lames tus heridas; me encanta que vayas contracorriente, que quieras apurar el vaso de la vida y no pierdas el tiempo hibernando como hacen los demás; y aunque le robe protagonismo a ese par de pupilas verticales tan tuyas, me fascina el pozo de tus ojeras, repleto de gritos de niños y deseos por cumplir. Lo que no soporto de ningún modo es que ni disfrazado de bambú te fijes en mí.








lunes, 19 de agosto de 2013

Víctor Lorenzo Cinca: "Sommelier"


 

 

 

 

 Sommelier


Alza la copa y observa el contenido, de un color amarillo intenso, brillante, con tonos dorados, parecido a la melena de Clara bajo el sol del mediodía. La agita ligeramente y comprueba que casi no se perciben las lágrimas en el cristal. Mejor así. Acerca la nariz y nota el aroma de frutas blancas, como la pera, el albaricoque o aquella piel saliendo de la ducha. También distingue unos toques florales, muy tenues, puede que rosa. Prueba un poco y lo paladea. Dulce, como sus besos; ácido, como su humor; fresco, como su sonrisa. Una vez engullido, descubre que el sabor es persistente, como el recuerdo de la última discusión, y con un punto agrio, igual que una despedida inesperada. Lanza la copa al suelo y se termina la botella de vino bebiendo a morro.