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martes, 27 de agosto de 2013

Miguel A. Hernández Navarro: "Juego"




 







 Juego





El tren llegó a la hora prevista. Y, como siempre, ella estaba en el andén esperándome. Sin saber exactamente por qué, quise ver su reacción al comprobar que no bajaba. Ver su rostro de preocupación en la espera, su mirada ansiosa, y, como en las películas, salir en el último momento, justo cuando el tren comenzase a cerrar las puertas. Escondido tras una cortina, quise observarla buscar mi rostro entre los pasajeros que bajaban, mirar su reloj más de cien veces y quedarse sola en el andén. Pero nada de eso ocurrió. Ella permaneció inmóvil, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en la ventana del vagón en el que me ocultaba. Ahora, pasados los años, estoy convencido de que me vio. Quizá también estuviese jugando. Pero no me atreví a bajar para comprobarlo.









martes, 2 de julio de 2013

Miguel A. Hernández Navarro: "Sin rumbo"



La pintura es obra de Ernest Descals








Sin rumbo



Subió al tren con la única intención de perderse para siempre. Al sentarse, leyó este cuento y meditó unos segundos. Bajó en la siguiente parada y regresó a casa. No necesitaba la distancia para errar eternamente.










martes, 21 de mayo de 2013

Miguel A. Hernádez Navarro: "Memento"












Memento




Después de más de veinte años de búsqueda surcando los mares más lejanos, encontró al fin el ansiado cofre del tesoro. Con lágrimas en los ojos y esbozando una leve sonrisa, pudo comprobar su contenido. Ni oro, ni reliquias, ni diamantes, ni siquiera monedas de plata, sino algo mucho más valioso y extraño al mismo tiempo, un papel amarillento que, tiempo atrás, alguien había puesto en aquel lugar: el mapa de regreso.









miércoles, 17 de abril de 2013

Miguel A. Hernández Navarro: "Impasibles"











Impasibles

Ya no había soldados en la ciudad. Los tanques estaban vacíos. Ningún avión sobrevolaba ya los edificios. Habían pasado varios días desde que sonaron por última vez los antiaéreos. Sin duda, la paz había llegado a aquel lugar. Y, sin embargo, nadie salió a la calle para celebrarlo. Todos continuaron con sus rutinas, como si aquella última luz sobre el cielo no hubiera conseguido mostrarles la esencia destilada del género humano.












miércoles, 6 de marzo de 2013

Miguel A. Hernández Navarro: "Efectos secundarios"




 

 

 

Efectos secundarios

 


Con el lógico nerviosismo de la primera noche, el hijo del sepulturero ayudó a su padre a colocar la lápida de una tumba. Mientras sostenía el mármol, escuchó golpes y gritos en el interior del panteón. Miró a su padre con el rostro desencajado por el terror. Pero la voz de la experiencia logró tranquilizarlo. "No te preocupes. Es normal. Enseguida se les pasa".







sábado, 29 de diciembre de 2012

Miguel A. Hernández Navarro: "Timbre"








Timbre



Aunque sabe que ya no hay nadie para abrirle, a veces, al llegar a casa, no puede evitar tocar a la puerta. Después de llamar, espera unos segundos, esboza una sonrisa y mete la llave en la cerradura. Hoy parece que las cosas han ido mucho peor de lo que esperaba. Quizá por eso lleva varias horas paralizado frente a la puerta. Y no se atreve a tocar el timbre.