miércoles, 4 de septiembre de 2013

Manuel Mantero: "A qué tanto cuidar la casa"











A qué tanto cuidar la casa 

 

 

A qué tanto cuidar la casa,
regar las flores,
ponerles toldos a la luz del patio,
quitar el polvo de los espejos. Oye
latir la sangre general afuera,
abandona la mesa donde comes,
trepa por las columnas al tejado,
aráñate, hazte niño como entonces,
mira a lo lejos cuando estés arriba,
asume el horizonte.
Con el aire de todos
llénate los pulmones.
Alguien, que vive dentro
de la muerte del hombre,
quedará abajo. Inútil, mudo y pálido,
él regará tus flores.








martes, 3 de septiembre de 2013

José Raúl Jaramillo Restrepo: "Protesta"









Protesta



La inauguración del congreso de escritores de cuentos cortos fue un estruendoso fracaso, ya que el encargado de presidirlo -un ilustre hombre de las letras- leyó un discurso tan extenso que motivó el retiro de los asistentes -llegados de todo el orbe-, quienes, en una muy breve declaración, expresaron que los habían confundido con ensayistas.






lunes, 2 de septiembre de 2013

Lucas Rodríguez Luís: ¿Mi poética?








¿Mi poética?




Mi poética es necesidad
es ponerse la mano en el costado
tras la cuchillada para evitar no desangrarse,
mi poética es un lapicero a la inversa
apuntando hacia el cerebro,
es la saliva con sabor a sal
después de la dentellada,
una flor que brota de entre el asfalto
y aplasta a las botas que pasan por ahí,
mi poética es actitud y aptitud
es el mismo jersey que cuando era niño
es la manía de contestar a mamá
es un semicírculo que espera
a la mitad de un cuadrado,
mi poética espera en el banco
de la plaza del espolón de Logroño
con la cabeza hacia abajo.
¿Mi poética?
Inevitable.
Créanme.









domingo, 1 de septiembre de 2013

Juan José Millás: "Curiosidades"










Curiosidades



Me ha dicho el médico que me pese cada mañana. De ese modo, si un día cojo unos gramos, al siguiente pondré los medios para perderlos. No es preciso añadir que se trata de un médico obsesivo, pero ni los médicos ni las esposas nos tocan en la lotería. Si estoy con él, me digo, por algo será. De otro lado, me gusta la idea de corregir el martes los errores del lunes. Lo primero que hago al sentarme frente al ordenador, a primera hora, es repasar las páginas escritas la jornada anterior. Siempre tacho algunas palabras o añado otras. Gracias al médico obsesivo he empezado a relacionarme con mi cuerpo como si fuera una novela que escribo día a día. Hoy peso 200 gramos más que ayer por culpa de una cena que ni siquiera me hizo feliz. Pues nada: a tachar esos doscientos gramos a base de frutas y punto (punto y aparte).
Tachar kilos es tan difícil como tachar adjetivos. Se les coge cariño a los unos y a los otros. Aunque sabes que no le vienen bien a la escritura ni al cuerpo, nos cuesta cortar por lo sano, ésa es la verdad. Pero quiero insistir en la idea del cuerpo como novela; a veces, como novela de terror. Me hice unos análisis que me entregaron en un sobre cerrado donde ponía la palabra «confidencial». Iba por la calle con aquel sobre debajo del brazo como si fuera un agente del Centro Nacional de Inteligencia. Pero sólo era un espía de mi propio cuerpo. Se lo entregué al médico y fue entonces cuando me recomendó que me pesara todos los días, para tachar el miércoles los gramos de más escritos durante el martes. En eso estoy.
Para amortizar la báscula, me peso siempre que paso cerca de ella. Por las noches, no sé por qué, peso siempre dos kilos más que por la mañana. Pero son dos kilos que se tachan solos, también de forma inexplicable, durante el sueño, como si los gramos se colaran por un sumidero invisible. El otro día me desperté de madrugada y estuve una hora sobre el peso, para sorprender al cuerpo en el instante de adelgazar, pero es más difícil que ver crecer la hierba. He hecho también experimentos con algunos libros. Las novelas pesan más por la noche que por la mañana. La poesía, en cambio, siempre pesa igual. Cuestión de metabolismo, supongo.