lunes, 11 de noviembre de 2013

Caro Fernández y Leo Mercado: "Origen"


 

 

 

Origen

 

Los antiguos habitantes de la Mesopotamia sostenían que el ácido de la primera cebolla domesticada, eyectado accidentalmente sobre los ojos de su cosechador, habría inventado el llanto. 
Desde entonces, nos pasamos unos cinco mil años tratando de entender la tristeza. 






domingo, 10 de noviembre de 2013

Patricio Rascón: "Pájaros"




 

Pájaros



Os entiendo perfectamente
Enigmáticos pájaros libres
Que trináis antes de la madrugada


Me indicáis el camino
Me decís  
Vamos, ¿a qué esperas? Lárgate. Escapa.

Pero vosotros no me entendéis a mí
No comprendéis que yo soy un animal doméstico


Que perecería fuera de mi jaula







sábado, 9 de noviembre de 2013

Pedro Sevilla: "Jugaban al billar"








Jugaban al billar



Jugaban al billar unos muchachos
estrellando planetas de colores
sobre el tapete verde de la nada.

Al coqueto abandono de tu cuerpo
sobre el viejo diván de aquel café,
lo traicionó tu falda,
y vinieron mis ojos a posarse
-con miedo y con vergüenza-
al final de los montes de tus muslos,
donde en ese momento
salía o se ponía un sol de seda,
un rosicler de naylon.

Luego, solo en mi cama,
pensando en el paisaje,
pasé toda la noche convulso y deslumbrado,
igual que cuando niños
mirábamos el sol con los ojos desnudos.





viernes, 8 de noviembre de 2013

Alonso Ibarrola: "La camarera"









La camarera



Llegó a la gran ciudad y entró a servir en casa de unos respetables señores. Enviaba a sus padres, que vivían allá, en el pueblo, unos modestos giros postales que con los meses fue incrementándolos, gracias a la nueva ocupación que había encontrado como camarera en un lugar que no precisó muy bien en su carta. La alegría y orgullo de los padres por aquella hija tan buena y cariñosa sufrió un rudo golpe cuando recibieron una carta de un tribunal tutelar de menores notificándoles que su hija se hallaba bajo su custodia, tras haber sido detenida en una sala de fiestas, donde, al parecer, prestaba diversos servicios, entre ellos el de camarera. Cuando la enviaron a casa, su padre le propinó una brutal paliza y su madre la insultó y escarneció despiadadamente. Días más tarde desapareció y nunca más supieron de ella. El padre, de vez en cuando, se acercaba por la oficina de Correos, esperando encontrarse con algún giro postal a su nombre: en vano. Que fuera una prostituta era una desgracia, pero que se comportara tan egoístamente con sus pobres padres, no tenía perdón de Dios, repetía el hombre una y otra vez al funcionario que le atendía.